Podía sentir como cada vello capilar se elevaba, sus manos no dejaban de sudar. Sabía que no debía quedarse más tiempo en silencio, porque éste leído entre líneas, levantaría sospechas. Seguían caminando a paso lento, él siempre para el lado de la pista. Ella haciendo ademanes, se pronunció: 'Oye, te puedes quitar los audífonos?' Se ríe con un dosis de coqueteo, se miran, él sigue sus órdenes cual subyugado. Ella no duda en preguntar: 'Estás bien?', y le responde moviendo la cabeza de arriba a abajo. Abren la puerta, que los llevará a otra más, suben las escaleras como jugando a quién llega primero. El cielo se siente extrañamente cerca de sus hombros.
Él no deja de pensar en cómo empezó todo: los encuentros fortuitos por las calles de su barrio, en donde las miradas eran consecuencia de un campo magnético entre los dos, los amigos en común hicieron posible el contacto más esperado. Se intercambiaron teléfonos y las llamadas de horas y horas ocurrían a diario, conversando desde sus manías, sus gustos musicales, hasta el existencialismo. Reían sobre todo y nada, dejando que el tiempo pase de forma deliciosa. El parque que unía sus casas, era el punto de encuentro entre ellos y sus amigos. Las guitarras hasta casi ver el alba no dejaban de sonar ni por un segundo.
- 'Sebastián, reacciona!'- dice Gracia -'En qué planeta estás ahora!'
- ' Perdón, estaba en otra' - respondió entre risas, bajando la mirada.
De pronto, pisó tierra. Sus ojos hicieron un alto en los suyos, brillaban más de lo normal. Tal vez el sol, pensó. Pero no era la estrella del tipo espectral la que causaba ese efecto. Ella, como muchas otras mujeres, supieron darse la tarea disimular, no se pudo más, porque sus ojos almendrados la delataban.
Supo que era "el momento", sus manos temblaban cogiendo las suyas, como un niño otra vez y con cierta timidez no dejaba de mirarla. Esquivando sus miradas, y como otra manía más, sonría de los nervios.
- Quieres estar conmigo?- le dijo. La voz de su mejor amiga pasaba por su cabeza: Si alguna vez alguien te lo pregunta, tienes que sorprenderlo con unos minutos de silencio.
- ... Sí... sí quiero estar contigo.
La respuesta era sugerente, es tonto pensar que no se sabía que pasaría a continuación.
Vainilla, ella olía a vainilla. Él no lo iba a olvidar, sus movimientos fueron suaves, no deseaba más.
Quedó atónito